Olivar superintensivo, una apuesta por la rentabilidad y la sostenibilidad

Olivar superintensivo, una apuesta por la rentabilidad y la sostenibilidad

En los últimos años hemos sido testigos de una auténtica revolución en el cultivo del olivo. Plantaciones tradicionales han ido transformándose poco a poco en sistemas intensivos y superintensivos con el objetivo de ganar rentabilidad y eficiencia sin perder prioridad por la sostenibilidad.

Las plantaciones de olivo superintensivo cuadriplican la rentabilidad de los sistemas tradicionales gracias a la innovación tecnológica y a la mecanización del sistema. Por ello, cada vez son más los agricultores que se decantan por estos modelos de cultivo.

Apostar por el olivar en seto supone una alta inversión al principio, pero también una alta rentabilidad a largo plazo. Utilizando una tecnología adecuada se puede producir aceite de calidad óptima a un coste más bajo que en el cultivo tradicional. De esta manera se recupera la inversión inicial.

La rentabilidad de estos cultivos abre la puerta a nuevas oportunidades de negocio y, con ello, oportunidades laborales en zonas rurales. Lo que convierte al olivar en superintensivo en una actividad fundamental para la fijación de la población al territorio. 

Otro dato importante es que las empresas tecnológicas están orientando sus inversiones hacia este tipo de cultivos, no sólo desarrollando maquinarias específicas, también obteniendo nuevas variedades que se adapten mejor a este sistema, con el objetivo de aumentar la productividad.

Además, hay que destacar la importancia que tiene el olivar en el mantenimiento del paisaje y del medio ambiente. Y es que estudios científicos demuestran que el olivar ayuda a eliminar una buena parte de gases de efecto invernadero. Según el Consejo Oleícola Internacional (COI), el olivar es capaz de fijar hasta 11,5 kilos de CO2 por cada litro de aceite producido, generando un balance positivo de fijación de 10 kilos de gases de efecto invernadero. Lo que repercute en la capacidad del suelo para generar agua, por lo que ayuda a combatir la desertificación. Hay que tener en cuenta que nuestro país cuenta con 2,5 millones de hectáreas de olivar de los 5,5 millones que existen en la Unión Europea.

Galpagro tiene un fuerte compromiso con la sostenibilidad ambiental y el reto territorial que estamos afrontando en la actualidad. Por eso, y gracias a nuestra fuerte inversión en investigación y desarrollo, trabajamos cada día para ofrecer al agricultor la posibilidad de apostar por una agricultura de vanguardia que le permita incrementar su rentabilidad cuidando al mismo tiempo del medio ambiente. Buena prueba de ello son nuestros servicios en nuevas plantaciones y trabajos agrícolas, pero también proyectos como HidroSOStenible, del que ya hemos hablado en anteriores ocasiones en este blog.